Aristóteles: El verdadero discípulo
El verdadero discípulo es el que supera al maestro.
El verdadero discípulo es el que supera al maestro.
Lo único que necesitamos para convertirnos en buenos filósofos es la capacidad de asombro.
El mérito que acepta el silencio como la cosa más natural del mundo es el más alto aplauso.
No todos los ojos cerrados duermen, ni todos los ojos abiertos ven.
El ingenio quizás es al talento lo que el instinto a la razón.
Las ideas son capitales que solo ganan intereses entre las manos del talento.
Los hombres inteligentes quieren aprender; los demás, enseñar.
Ningún hombre ha llegado a ser grande sin un toque de divina inspiración.
Es fácil hacerse admirar cuando se permanece inaccesible.
Escucho y olvido; Veo y recuerdo; Hago y entiendo.