Napoleón Bonaparte: El mal de
El mal de la calumnia es semejante a la mancha de aceite: deja siempre huellas.
El mal de la calumnia es semejante a la mancha de aceite: deja siempre huellas.
A los veinte años, reina la voluntad; a los treinta, el ingenio, y a los cuarenta, el juicio.
Cuando la vida te presente razones para llorar, demuéstrale que tienes mil y una razones para reír.
La verdad es que amamos la vida, no porque estemos acostumbrados a ella, sino porque estamos acostumbrados al amor.
¿Por qué nos alegramos en las bodas y lloramos en los funerales? Porque nos somos la persona involucrada.
La única diferencia entre los santos y los pecadores es que los santos tuvieron su pasado, y los pecadores tienen su futuro.
Los jóvenes son como las plantas: por los primeros frutos se ve lo que podemos esperar para el porvenir.
El juego de ponerse límites a sí mismos es uno de los secretos placeres de la vida.
Sólo se vive para ese poquito de felicidad que se espera.
La naturaleza es un espectáculo que se desarrolla frente al hombre.